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El impacto de la IA (1): la línea entre lo que hace una máquina y lo que hace una persona

Primera entrega de una serie sobre el impacto de la IA. La frontera entre lo que hace una máquina y lo que hace una persona no se borró: solo estaba mucho más allá de donde yo la había puesto, y llevaba tiempo decidiendo con una línea mal trazada.

Por Jens Hardings · Publicado el 1 de septiembre de 2026

Primera entrega de la serie «El impacto de la IA»: cómo se terminó moviendo la frontera entre lo que hace una máquina y lo que hace una persona, y por qué el resultado se parece poco al discurso habitual sobre productividad.

En marzo de 2025 yo no era un entusiasta de los modelos de lenguaje. Sabía que redactaban bien, porque los había usado para eso. Lo que no les atribuía era criterio: aplicar una metodología completa a un caso concreto me parecía trabajo de una persona con experiencia.

Con esa convicción, más por curiosidad que por expectativa, le pedí que aplicara una metodología específica para armar un documento de diseño de producto. Iba en un ICE entre Bonn y Göttingen, tres horas a unos 200 km/h y con una conexión sorprendentemente buena.

Llegué a Göttingen con el documento terminado, y con una calidad igual o mejor que la que yo habría alcanzado trabajando solo (avanzó más rápido que el tren, lo que a esa velocidad no es poco decir). Era una tarea que tenía estimada en unos tres meses de dedicación parcial.

Días después descubrí algo peor: no había hecho falta entregarle el libro, porque ya manejaba la metodología por su cuenta.

¿Qué había cambiado exactamente ahí? No que la línea entre lo que hace una máquina y lo que hace una persona se borrara, sino que estaba bastante más allá de donde yo la había puesto, y que llevaba tiempo tomando decisiones (qué postergar, qué ni siquiera intentar) apoyado en una línea mal trazada. Lo caro no fueron las tres horas que me ahorré ese día, sino los meses anteriores en que ya había decidido no meterme en cosas que sí se podían hacer.

Dell’Acqua y otros lo midieron con 758 consultores de BCG: dentro de la frontera de lo que la herramienta hace bien, la calidad subió más de 40%; fuera de ella, la probabilidad de acertar cayó 19 puntos porcentuales, y la calidad percibida de esas respuestas peores subía. La llamaron frontera dentada porque no se ve dónde está. Conviene decir de qué está hecho ese número (una sola firma, una sola profesión, tareas diseñadas por los investigadores y el modelo de 2023), así que la frontera que midieron ya no es la de hoy.

Yo la moví ese día, aunque menos de lo que parece: lo del tren era trabajo de escritorio, leer un método, entenderlo, aplicarlo y redactar. Mi oficio, sin embargo, es otro, y todo lo que había probado para construir software con estas herramientas seguía siendo engorroso apenas se salía de los ejemplos de juguete (Claude Code llevaba entonces un mes como vista previa limitada y no salió de esa etapa hasta mayo). Esa línea se movió cuando aparecieron las herramientas para moverla.

En esta serie, que llamé El impacto de la IA, voy a contar cómo se terminó moviendo también esa, y por qué el resultado se parece poco al discurso habitual sobre productividad.

¿Qué tarea tienes hoy clasificada como “esto tiene que hacerlo una persona”, y hace cuánto que no revisas esa clasificación?


Cómo citar este artículo

Hardings, Jens (2026). *El impacto de la IA (1): la línea entre lo que hace una máquina y lo que hace una persona*. Moit SpA. https://moit.cl/recursos/blog/impacto-ia-1-linea-maquina-humano/

#serie-impacto-ia#inteligencia-artificial#estrategia-ti#decisiones-tecnologicas#transformacion-digital

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